Bioevogen

¿Por qué somos como somos?

La genética evolutiva, en estrecha relación con la evolución cultural, nos permite comprender las causas de la conducta humana. https://www.facebook.com/bioevogen

Robot maltratado vs La vida es bella

Escrito por bioevogen 20-01-2017 en evolucion. Comentarios (0)

Robot maltratado

Somos máquinas de supervivencia. Estamos programados por nuestros genes para ser lo más aptos posibles a nuestro ambiente y se puedan propagar. Al final los genes manipulan al organismo para su propio interés. A tus genes les importas una mierda, sino ¿por qué no te hacen estar siempre feliz? ¿Por qué te recompensan tan placenteramente cuando tienes sexo? ¿Por qué te hacen sufrir si vieras a tu pareja con otro? A tus genes les da igual, por ejemplo, si cuidar de tus hijos es una tarea dura, van a querer que los tengas y te van a dar un sentimiento de amor máximo. Tú pasas a un segundo plano, los genes son los que importan y ahora están también en tu hijo que los va a seguir propagando. Vas a darlo todo por ellos, por los genes de tú hijo, que son los tuyos pero en una máquina más nueva. Estás aquí por interés genético, biológicamente no tienes ningún propósito más que el de propagar tus genes, cuando mueras el individuo desaparecerá y sólo quedaran tus genes en nuevos individuos que van a seguir con la misión encomendada por los genes.


La vida es bella

El universo se formó hace 13.700 millones de años, la Tierra hace 4.500 millones de años y la vida 3.500 millones de años. La vida es un proceso natural raro, en el sentido que se necesitan ciertas condiciones para que aflore. Desde sus primeras fases hasta llegar a nosotros millones y millones de generaciones han ido propagando sus genes hasta haber llegado nosotros aquí. Nuestros ancestros han sido bacterias, invertebrados parecidos a gusanos, peces, reptiles, mamíferos parecidos a ratas, simios subidos a los árboles, y finalmente nuestros padres. ¿Cuantas veces estos ancestros deben haber estado a punto de morir antes de propagar sus genes? ¿Cuántas veces han tenido que correr, sufrir, luchar? Que tú estés aquí es probabilísticamente ridículo, pero si has llegado hasta aquí es que tus ancestros han sido increíblemente resistentes, ¿por qué tú no vas a serlo? Además ahora conocemos a nuestros genes, podemos hacerles caso, contrarrestarlos, en definitiva vivir menos condicionados que nunca. Cierto es que la inteligencia ha evolucionado para que los genes se puedan propagar más, pero gracias a ella hemos llegado al punto de ser más libres que cualquiera de nuestros ancestros y de valorar con asombro que estemos hoy aquí. Así que deja de leer esta mierda filosófica y vete a dar un paseo con los que más quieres joder.


El futuro de nuestra especie: biología vs educación

Escrito por bioevogen 21-08-2016 en evolucion. Comentarios (0)

El desarrollo de las sociedades humanas a lo largo del último siglo ha sido espectacular. En España la esperanza de vida se ha duplicado, en el mundo la población se ha multiplicado por 4.5, hemos ido a la Luna, vuelto, estamos explorando Marte sobre el mismo terreno, hemos descubierto la estructura del ADN, lo estamos manipulando a nuestro antojo, hemos creado la pizza con piña… En definitiva, grandes avances científicos y tecnológicos de nuestra especie.

A nivel social, no obstante, siguen existiendo problemas que ya existían 100, 1000, 5000 y un millón de años atrás, como son el racismo o el machismo. Parece que existen desde mucho antes de los humanos, que están instaurados en nuestras sociedades, y que son difíciles de eliminar. Y es que al buscar como combatir estos problemas nos damos cuenta de las grandes limitaciones humanas y de que estos avances son insuficientes.

El racismo, espero que se entienda lo que quiero decir, es una conducta evolutivamente lógica. Si un grupo de una especie consigue desplazar o eliminar a otro, tendrá más espacio y recursos para crecer, será mayor en número y podrá hacer frente a otros grupos más pequeños. Así los genes racistas, egoístas en su propio beneficio, van a incrementar su frecuencia y se van a propagar a lo largo del territorio.  En humanos es lo que ha ocurrido a lo largo de la historia y sigue ocurriendo. El colonialismo no es más que grupos fuertes aprovechándose de grupos más débiles y muchas de las guerras recientes son más de lo mismo, ya no tanto por el espacio sino por los recursos, como el petróleo, que permiten a esos grupos seguir siendo fuertes a costa de otros. Por otro lado, personas del grupo débil tienen dos opciones: 1) defender su propio territorio o 2) intentar acceder a los grupos fuertes bien para debilitarlos o bien, en la mayoría de los casos, para poder crecer ellos también dentro de él. Los grupos fuertes van a utilizar mecanismos para que sólo accedan personas que ayuden a crecer a los miembros de ese grupo y no personas débiles que los puedan debilitar limitando su espacio y recursos. Aquí encontramos una contradicción entre nuestra naturaleza biológica y la educación ideal para ser una buena persona. Los miembros de grupos fuertes saben que lo que los haría mejores personas es trabajar hasta que los miembros de los grupos débiles estuvieran a su nivel, pero eso limitaría el crecimiento de esos grupos fuertes y nuestra naturaleza nos hace ser más egoístas que eso. Muchas de las personas que con buena voluntad e incluso de forma altruista protestan en contra de la ocupación de un territorio se terminan aprovechando inconscientemente de las políticas “racistas” que llevan a cabo los mandatarios de su grupo. En un mundo ideal, de tamaño infinito, las poblaciones podrían crecer sin tener que desplazar unas a otras y los grupos nunca hubieran chocado. En un planeta con un espacio y unos recursos finitos, dónde los grupos crecen porque la natalidad es mayor a la mortalidad, el enfrentamiento es inevitable. Hay mecanismos más realistas que deberían ayudar a mejorar la situación, como el uso del preservativo. Si las poblaciones no crecen no necesitan más espacio. Y debería haber una gran circulación de los recursos para que todos los grupos sean fuertes. De alguna manera esto está sucediendo. Hay intercambio fluido entre personas de grupos fuertes, así como de recursos con tal de potenciar esos grupos limitando, por otro lado, un crecimiento poblacional desmesurado. Sin embargo, es complicado convencer a la vez en esta idea del control poblacional a todos los grupos o a todos los miembros de cada grupo y, de hecho, los grupos o miembros que se opongan son los que se van a volver más numerosos y tendrán más necesidad de expansión dentro del mismo grupo o hacia otros.

Con el machismo ocurre algo parecido. Entre ambos sexos existen, en promedio, diferencias evidentes tanto físicas como de comportamiento. Los hombres han tenido preferencia, entre otras cosas, por aquellas mujeres con una proporción cintura/cadera de 0.7 al ser las más fértiles y por aquellas con una mayor sensibilidad o empatía que las convierta en mejores madres.  Las mujeres y la selección natural, por el contrario, han seleccionado a los hombres para que sean más grandes y agresivos, que garanticen la seguridad del grupo y la obtención de alimentos mediante la caza. Por otro lado, una mujer siempre va a estar segura de que la descendencia es suya y le resultará beneficioso encontrar a un hombre que le garantice el cuidado de sus hijos. Sin embargo ese hombre para llevar a cabo el comportamiento de cuidar a sus hijos con la misma intensidad que la mujer debe estar muy seguro que la descendencia es suya porque si no es así sus genes no se van a propagar y si lo harán los del pica-flor que se apareó con la mujer infiel y que no se va a hacer cargo de la descendencia.  Esta situación, unido a las diferencias vistas antes, ha hecho que el hombre haya intentado ejercer en muchos casos un control sobre la mujer. En nuestras especies más cercanas hay grabados numerosos casos de machos agrediendo a hembras en caso de alejarse de ellos o de acercarse a otros machos. Esto desgraciadamente ocurre también en nuestra especie y es una triste realidad que se ha de combatir mediante la educación y dejarlo fijado en la legislación. Aunque no siempre se cumpla y todavía existan diferencias entre ambos sexos en temas como las condiciones laborales, las legislaciones de países desarrollados establecen que una mujer ha de ser tan libre y tener los mismos derechos que un hombre, como no puede ser de otra manera. Además todos los hombres tienen derecho a hacerse un test de paternidad en caso de sospecha y tienen derecho a no hacerse cargo del cuidado del hijo en caso de incesto, con lo que el coste evolutivo que fomenta el comportamiento machista desaparece y el castigo justo recae sobre la madre.

Hay otras conductas en las sociedades humanas que no nos hacen ser mejores personas, como el trato a la naturaleza.  También es lógico evolutivamente aprovecharse del mayor número de recursos posibles, aún si eso provoca la extinción o el sufrimiento de otras especies. No soy un experto en la evolución de la dieta humana, pero aun asumiendo que el consumo de carne haya sido habitual y necesario para nuestra evolución, actualmente con el gran desarrollo de la agricultura es innegable que no necesitamos tanta carne como consumimos para sobrevivir. Sin embargo, debe ser de nuevo la educación la que nos lleve a un mayor nivel de concienciación respecto al trato que ejercemos sobre otros animales y sobre la naturaleza en general.

Con esta entrada permito dar a entender que nuestra biología es la que es y las personas son como son por algún motivo, pero esto no justifica ciertas conductas existentes en sociedades modernas. Así pues hemos de combatirlas mediante la educación y la legislación porque, aunque sea una utopía, sólo a través de fomentar un trato igualitario hacia los demás se podría llegar a una felicidad global y sostenida como especie. 


Adicciones

Escrito por bioevogen 20-01-2016 en evolucion. Comentarios (0)

Al ver a una ballena uno puede caer por un instante en la tentación de pensar que ha sido especialmente diseñada para su vida acuática. Sin embargo, la selección natural es chapucera y los diseños producidos por la evolución no suelen ser perfectos. Así, si estudiamos con detalle a esa ballena vemos que presenta algunas imperfecciones debido a su pasado terrestre: usa pulmones para respirar con lo que no puede aguantar mucho tiempo bajo el agua y mantiene vestigios del fémur y de la cintura pélvica. Si hubiese sido diseñada expresamente para vivir en el mar sería mejor para ella tener branquias y no tendría sentido tener restos de animales terrestres. Otra especie imperfecta es la humana. Dejando de lado la morfología (como los dolores de espalda debidos a nuestra mejorable adaptación al bipedismo) nos percatamos de que algunos de nuestros comportamientos se deben a nuestro pasado evolutivo, pero no son del todo óptimos en nuestro modo de vida actual. Pongamos algunos ejemplos.

Comer dulces

No son pocas las personas que sienten una atracción fatal por los azúcares. Personas que después de cenar correctamente caen a la tentación de un trozo de chocolate totalmente innecesario. Qué os voy a contar. Sin embargo, es normal que lo hagan. O que lo hagáis. El chocolate contiene exorfinas, que  favorecen la producción de endorfinas, las cuales estimulan al cerebro y le dan una agradable sensación de placer y felicidad. Pero, ¿a qué se debe esta atracción por los azúcares?  Durante nuestro pasado evolutivo la obtención de azúcares no era tan fácil como lo es en la actualidad. Sin embargo, las neuronas para funcionar utilizan exclusivamente glucosa y sólo ante un déficit de ésta, en casos excepcionales, pueden utilizar cuerpos cetónicos. Además el cerebro consume una parte importante (un 20%) de nuestra ingesta calórica. Así, el disponer de glucosa es extremadamente importante para nuestra supervivencia. Es más, durante la evolución humana, en la que se ha producido un importante crecimiento del cerebro, la obtención de glucosa ha sido aún más necesaria. El cerebro de chimpancés sólo consume un 13% de su ingesta calórica. Evolutivamente se ha premiado con una sensación de placer todos aquellos alimentos como el chocolate, los pasteles o los helados que aporten carbohidratos dulces aunque en la actualidad, en exceso, nos puedan resultar perjudiciales.

Practicar sexo

 El sexo es el mecanismo que tienen nuestros genes para replicarse. Como dije en un blog anterior, dejando de lado técnicas de reproducción asistida, si estuviéramos seis décadas sin sexo la especie humana se terminaría extinguiendo en unas pocas décadas más. Por ello el sexo ha de resultar placentero, cuanto más mejor, para que se practique y así nuestros genes se repliquen. Si fuera doloroso no se practicaría y los genes desaparecerían. Hasta aquí todo normal. El problema radica en que el deseo sexual sea desmesurado. En situaciones naturales, debido a que el sexo es costoso energéticamente, muchas especies animales han de pensar primero en ingerir una gran cantidad de comida y el sexo es algo secundario. Muchos animales entran en celo sólo en épocas dónde energéticamente se lo pueden permitir. No se puede practicar sexo constantemente. Si los osos polares entraran en celo en invierno, cuando las condiciones meteorológicas son extremas, morirían. Además en la mayoría de especies animales se produce una fuerte competencia de los machos por acceder a las hembras. En las hembras, debido a que las consecuencias del acto sexual son mucho mayores, no es tan importante el número de veces que se practica sino con quién y la competencia entre los machos hace que en muchos casos el sexo no sea algo muy frecuente. Algunos machos, como los ciervos, pueden morir debido al estrés por falta de sexo. Sin embargo, en la especie humana el practicar sexo es sumamente fácil. La competencia entre machos humanos todavía existe (sólo hace falta ir a un gimnasio), pero incluso el hombre más feo del mundo puede acudir al gran mercado de la prostitución (donde se incluye la pornografía) y encontrará un número enorme de hembras que ofrecen su cuerpo a cambio de dinero. Un hombre puede estar manteniendo sexo si quisiera todo el día y eso puede desembocar en graves trastornos mentales.   

Redes sociales

Los humanos, como la mayoría de primates, somos animales sociales, por ello es algo lógico que una red social tenga éxito. El hecho de que vivamos en grupos ha sido clave para nuestro éxito evolutivo. Me imagino luchando uno a uno contra un león, derrota clara de todos. Pero si lucháramos todos juntos contra el mismo león el resultado podría ser bien distinto. Ya hablé en un post anterior de las ventajas de los comportamientos sociales como el altruismo o la cooperación. Sin embargo, también hable sobre el egoísmo y los tramposos. Uno al fin y al cabo busca beneficiarse de la vida en grupo. Una gacela cuando corre delante de un guepardo no busca ser más rápida que el guepardo sino más rápida que las otras gacelas y que el guepardo no la persiga a ella. En el caso del humano y el león al final de la batalla cada miembro recuerda quién ha estado en primera línea y quién se escondía. El intelecto y la memoria han evolucionado para saber detectar en quién apoyarse y a quién rechazar. Quién aporta al grupo y quién no. Por ello en la naturaleza nuestros primos primates son de lo más observadores para saber en quién se puede confiar. Los individuos que ven a un león y en vez de avisar al resto se esconden o no reparten la comida cuando disponen de ella pueden ser gravemente penalizados en caso de ser pillados pero en caso de ser astutos pueden sacar un mayor beneficio. Es información interesante conocer el máximo número de cosas de cada uno de los miembros que te rodean porque esto te va a permitir sacar un mayor provecho. Los humanos como animales sociales somos cotillas. Con facebook o twitter uno puede saber lo que piensa, lo que le gusta y qué hace el resto con lo cual saca el lado más cotilla de cada uno. También está claro que la mayoría de las personas aprovechan para mostrar su mejor estado con lo cual puede afectar la estima del observador al ver una falsa realidad.  

Enamorarse

El punto anterior también se puede aplicar a las relaciones afectivas o sexuales. Uno puede tratar de averiguar la situación sentimental de una persona que le gusta o controlar lo que hace su pareja. En mi primer post hablé sobre los modos de apareamiento. Un 92% de las aves, por ejemplo, son monógamas a nivel social, es decir, noche tras noche cada individuo se acuesta en su nidito con la misma pareja. A nivel sexual, sin embargo, no son tan monógamas, ya que si analizamos genéticamente los huevos de cada nido encontramos que se producen infidelidades. Lo mismo ocurre entre los humanos, como se ha podido ver en numerosos estudios genéticos. La monogamia puede ser ventajosa evolutivamente porque son dos los individuos que se dedican al cuidado de la descendencia con lo cual las probabilidades de sobrevivir de los descendientes aumentan. Sin embargo, la monogamia evolutivamente es delicada, ya que bastaría que una sola hembra no cumpla con su compromiso para que se corra el riesgo de que los genes de un macho monógamo no pasen a la siguiente generación. Es decir, una hembra siempre estará segura de su descendencia, pero un macho monógamo podría dedicar toda su vida al cuidado de unos hijos que no son suyos, con lo cual la conducta monógama no pasaría a la siguiente generación. En cambio si lo harán los del macho que se apareó con su pareja y que no se ha encargado del cuidado de sus hijos. Para que un macho sea monógamo ha de estar altamente seguro de la fidelidad de su pareja. Una hembra también querrá que el macho sea fiel para que le ayude a ella y no a otras en el cuidado de su descendencia. El amor es la manera que ha encontrado la evolución para que las personas monógamas consigan asegurarse la fidelidad de la pareja, pasando el mayor tiempo posible con ella y demostrándole que son una buena elección. Sin embargo, el asegurarse en exceso de que el otro va a cumplir el compromiso puede llevar a la obsesión y al control, sobre todo en los hombres que son los que tienen más que perder.   

Tomar drogas

Está claro que el consumo de drogas es uno de los mayores problemas de salud pública del siglo XXI. Sin embargo, al igual que la ingesta de azúcares, en tiempos pasados se podría haber favorecido evolutivamente su ingesta. Las drogas estimulan la vía dopaminérgica mesolímbica que básicamente favorecen la transmisión de dopamina al núcleo accumbens, lo que desemboca en una sensación satisfactoria de bienestar y placer. En principio esta zona se estimula al llevar a cabo actos importantes para la vida de uno, como comer, beber o practicar sexo. Sin embargo, como se ha estudiado por ejemplo en ratones, si ponemos un electrodo que estimule esa zona cerebral en caso de apretar una palanca se van a pasar el día apretando la palanca y se van a olvidar de otras funciones más básicas. Las drogas podían servir para relajar al cerebro en situaciones de estrés por la ausencia de comida, agua o posibilidades reproductivas. Está claro que el consumo de drogas tiene una fuerte transmisión cultural y no es fundamental a nivel evolutivo, pero si podría haber beneficiado no sólo al individuo en situación de estrés sino al grupo disminuyendo los conflictos motivados por una situación no óptima.  

En definitiva, nuestros genes nos hacen tener comportamientos que más que hacernos felices nos perjudican aunque a nivel evolutivo hayan sido relevantes para que ahora estemos aquí nosotros y no otros. Sin embargo, quizás la mejor opción sea aprender a dar la espalda a nuestros genes y aprender a vivir la vida siendo lo más felices posible aunque no se corresponda con la voluntad de nuestros genes.    


¿Es la homosexualidad antinatural?

Escrito por bioevogen 24-07-2015 en homosexualidad. Comentarios (0)

Uno de los comportamientos más intrigantes para los biólogos evolutivos es la homosexualidad. Lo más curioso de este comportamiento no es que un individuo tenga relaciones sexuales con individuos del mismo sexo, sino que no las tenga con individuos del sexo contrario. La bisexualidad puede ser fácilmente explicable. Un individuo podría tener relaciones sexuales con individuos del sexo contrario para transmitir sus genes, y con individuos del mismo sexo para establecer lazos sociales. Los bonobos, por ejemplo, utilizan el sexo como una forma de solucionar conflictos y afianzar relaciones. La homosexualidad es, sin embargo, más complicada de explicar intuitivamente. Si un individuo tiene sexo únicamente con individuos de su mismo sexo y asumiendo que la homosexualidad es un comportamiento con una base genética, ¿cómo se puede heredar este comportamiento?

Hay tres teorías principales que intentan explicar cómo se mantiene este comportamiento en poblaciones humanas:

-          Una primera teoría, del todo errónea, dice que la homosexualidad podría existir “por el bien de la especie”. Es como si la naturaleza fuera capaz de detectar y regular el tamaño de una población y empleará la homosexualidad con ese fin: “cuidado que somos poquitos, vamos a parar de crear homosexuales”. En tal caso, la homosexualidad sólo debería aparecer debido a mutaciones, las cuáles deberían ser rápidamente eliminadas, con lo que se deberían generar constantemente mutaciones “homosexuales”. Es una forma bastante equivocada de enfocarlo.    

-          Una segunda teoría dice que la homosexualidad se podría haber mantenido debido  a la cultura. Personas homosexuales habrían tenido sexo con individuos del sexo contrario para ocultar su condición, con lo que los “genes homosexuales” se podrían transmitir. Me resulta gracioso pensar que los sectores opresivos, impidiendo a las personas homosexuales tener sexo con individuos del mismo sexo, hayan podido lograr aumentar los “genes homosexuales”. Está teoría me parece razonable, pero aunque tenga su peso no creo que sea el motivo principal, ya que la homosexualidad se produce en otras especies animales en las que no existe una cultura que pueda ser homófoba.

-          Una tercera teoría dice que los “genes homosexuales” podrían ser beneficiosos en determinados casos. Quizás no son beneficiosos en individuos homosexuales, pero si en otros. Supongamos un par de ejemplos:

1)      Imaginemos que el comportamiento homosexual fuera regulado por un único gen y que este se encontrará en el cromosoma X. El cromosoma X es uno de los dos cromosomas sexuales. Todos los humanos tenemos por lo menos un cromosoma X.  Las mujeres poseen dos X y los hombres un X y un Y. Supongamos que hay dos variantes del cromosoma X, la homosexual y la heterosexual. El hombre que tenga la variante homosexual será “gay” y el que tenga la otra será “hetero”. La mujer que posea dos copias de la variante homosexual será lesbiana y si sólo posee una o ninguna será heterosexual porque la variante heterosexual domina sobre la homosexual a la hora de determinar la orientación sexual. Sin embargo, el tener una copia de la variante homosexual podría predisponer a las mujeres “heteros” a tener mejores partos o a ser más fértiles. Así, el 50% de los hijos varones serán “gays”, pero el otro 50% no lo serán, ya que no llevaran la variante homosexual. Sin embargo, si tiene una hija, habrá un 50% que reciba su variante homosexual, de manera que el gen homosexual se irá transmitiendo por línea materna. Uno se da cuenta que este ejemplo tiene una limitación importante y es que para que salga una mujer “lesbiana” el padre tendría que ser gay, con lo que parecería necesario recurrir a la segunda teoría. El problema de este ejemplo es que los animales tenemos unos 25000 genes que interactúan entre sí y que dan lugar a comportamientos muy complejos con lo que es imposible asociar la homosexualidad a un único gen. Sin embargo, este ejemplo sirve para darnos cuenta de que el tener una copia “homosexual” puede resultar en un hombre ser “gay” pero en una mujer poseer unas mejores aptitudes reproductivas, con lo que el gen “homosexual” se seguirá transmitiendo. Aquí es importante recordar que la selección natural no actúa sobre los individuos, sino sobre los genes. Un gen puede ser perjudicial en un individuo, pero haberse mantenido al ser beneficioso en otro, con lo que el comportamiento “homosexual” puede parecer antinatural a nivel individual, pero no lo es a nivel genético.   

2)      Pongamos otro ejemplo. Imaginemos ahora que el comportamiento homosexual está regulado por 10 genes. Para cada gen hay una variante homosexual y otra heterosexual. Si un hombre, por ejemplo, tiene 10 variantes “homosexuales” será claramente homosexual y si tiene 10 variantes “heterosexuales” será claramente heterosexual. Sin embargo, ¿Qué ocurre si tiene 7 variantes “heterosexuales” y 3 variantes “homosexuales? Ese individuo podría ser heterosexual, pero tener algunas características de comportamiento más bien femeninas. Esto podría resultar atractivo a las mujeres que busquen un hombre que sea un mejor padre. De esta manera tres variantes “homosexuales” se van a transmitir mejor que si hubieran sido “heterosexuales”. Así, van a seguir transmitiéndose los genes “homosexuales” y, dependiendo de las combinaciones entre genes, irán saliendo individuos homosexuales aún cuando los padres no lo son. Remarco, nuevamente, que hay mucho por descubrir en el campo de la genética sobre la interacción entre genes y de estos con el ambiente, lo que se conoce como epigenética. Lo que sí está claro, por estudios realizados a gemelos, es que hay un componente genético importante en la orientación sexual humana.

En conclusión, los genes y el peso de estos en la orientación sexual aún se ha de investigar mucho más, pero que hay una base genética en la orientación sexual es evidente. La homosexualidad a escala individual puede parecer antinatural, pero se puede explicar sin problemas a escala genética. Es más, se observa comportamientos homosexuales en la naturaleza en un gran número de especies animales con lo que tiene que haber una razón evolutiva y no ser una simple cuestión cultural de nuestra especie. A todo esto, para los que no me conozcáis, aclarar que no ser del KKK no te convierte en negro.  


Tú mejor dedícate al baloncesto

Escrito por bioevogen 09-06-2015 en razas. Comentarios (0)


Cuando en 1836 Darwin regresó de su viaje alrededor del mundo a bordo del HMS Beagle ya tenía la base de su teoría evolutiva. Sin embargo, tardó 23 años en publicar el “origen de las especies” por dos motivos: 1) Quería obtener el mayor número de pruebas para contrastarla y darle peso. 2) Era conocedor del gran impacto que iba a causar en la sociedad.

Sin duda la visión evolutiva de Darwin es tan real como peligrosa. Según ésta, en un planeta con recursos limitados, los individuos de todas las especies compiten por territorio y alimentos. Los seres humanos, una especie más del gigantesco árbol de la vida, no somos una excepción. Bajo esta premisa nace lo que se conoce como darwinismo social. Este movimiento defiende la lucha y la competencia entre humanos o grupos humanos con el objetivo de mejorar los rasgos hereditarios, lo que se conoce como eugenesia. Esta mejora genética se podría aplicar, dentro de una raza, al negar la ayuda a discapacitados, con el razonamiento de que suponen un alto coste respecto a su aporte. Al no ser aptos serán eliminados y sus genes deficientes no se propagaran.

Entre las razas ocurriría más de lo mismo. Las razas más avanzadas, podrían aprovecharse o exterminar a razas más débiles. En la cultura occidental actual esta visión puede parecer de lo más retrógrada, pero no quiero recordar el colonialismo europeo de finales del siglo XIX, ni el auge del nazismo en pleno siglo XX ni los recientes incidentes en Baltimore. La existencia o no de diferentes razas humanas, sin embargo, es una cuestión muy discutida entre biólogos. Mi posición siempre ha sido a favor de la existencia de razas. No tengo dudas de que si un extraterrestre inteligente interesado en biología tuviera que clasificar a los humanos como nosotros lo hacemos con los demás animales, detectaría a unas cuantas. No creo que clasifique igual a un maorí que a un esquimal o a un pigmeo. Sin embargo, el término “raza” se ha asociado demasiado al racismo y en los últimos años se ha evitado el uso de este término.

También es fundamental diferenciar entre raza y especie. Debido a que el tiempo de aislamiento entre diferentes razas humanas ha sido corto a escala evolutiva y a que las presiones de selección no han sido tan intensas como las que los humanos, por ejemplo, hemos aplicado a los perros, todas las razas humanas se pueden reproducir entre ellas con lo que corresponden a una misma especie biológica. Es más, debido al hallazgo de genes “neandertales” en humanos por entrecruzamiento, se podría considerar a los neandertales como una subespecie dentro de la misma especie que la nuestra y a todos los humanos como otra subespecie. Por otro lado, conviene aclarar que todas las razas de perros forman una subespecie y junto a distintas subespecies de lobos conforman una única especie. En este caso aunque las presiones de selección en perros han sido muy grandes, no ha habido todavía tiempo suficiente para que sea inviable un cruce por aislamiento reproductivo entre ellos o con su ancestro lobuno.

No obstante, mientras de dos especies nunca se va a poder obtener una nueva especie a causa del aislamiento reproductivo, de dos razas sí que se va a poder generar individuos híbridos. Esta factible mezcla de los rasgos entre razas parece diluir el concepto de raza. Esto puede parecer un buen argumento en contra de su existencia, pero sólo si no se entiende bien el concepto. Una raza es un grupo de individuos con unas características diferenciales respecto a otros grupos. Estas diferencias se producen debido al aislamiento durante un tiempo suficiente para que se originen estas características diferenciales, pero esto no significa que no se puedan romper porque aún no se ha producido aislamiento reproductivo entre los grupos.

Volviendo al darwinismo social, es tan ridículo decir que todas las razas son iguales como decir que una es mejor en todo que las demás. Es obvio que la solución al racismo no es negar las diferencias sino verlas como más valor cultural, genético o adaptativo. Hace años James Watson, codescubridor del ADN, dijo que las políticas sociales en África estaban fracasando porque se hacían suponiendo que la inteligencia de sus habitantes es la misma que la de los europeos o americanos blancos. Según algunos estudios en Estados Unidos, los blancos dan, en promedio y en igualdad de condiciones, más buenos resultados en los test de inteligencia que los afroamericanos. Por cada afroamericano que supera los 130 puntos de CI hay 10 blancos. Rápidamente muchas personas, incluso periodistas de prestigio, se lanzaron al cuello de Watson y lo acusaron de racista. ¿Por qué? ¿Por decir la verdad? Escarmentados por las tragedias raciales que nos han acompañado desde siempre parece que lo más adecuado hoy en día sea decir que todos somos iguales en todo y atribuir las diferencias a las oportunidades y no a la genética. Sin embargo, es difícil pensar que todas las razas hemos evolucionado de la misma forma en los últimos miles de años. Hay diferencias en la altura, en la inteligencia, en las capacidades físicas, en el tamaño del pene, etc. Nadie se hubiera lanzado encima de Watson por decir que un blanco corre peor largas distancias que un africano del este (keniata o etíope). Hay pruebas de que la longitud del tendón de Aquiles o la cantidad de determinados tipos de fibras musculares hace a un africano del este más atlético que a un blanco y sólo hace falta ver como arrasan en las maratones. Si decimos que los hombres son, en promedio, más altos que las mujeres, ¿quién lo va a ver cómo machismo? Sin embargo, cuando mezclas inteligencia y raza siempre se desata la polémica.

Por este motivo, darwinismo social y eugenesia no deben estar estrechamente relacionados cuando hablamos de razas. El darwinismo social fomenta la competencia, mientras que la eugenesia fomenta la mejora de la genética humana. Si aplicáramos el darwinismo social a las personas discapacitadas, en algunos casos es obvio que se lograría eliminar mutaciones perjudiciales que hacen menos aptos a determinados individuos. Aquí, aplicar una perspectiva evolutiva no puede defender su ayuda, sino que lo hemos de hacer desde una perspectiva de política social. Sin embargo, en las razas sí se puede defender la pluralidad para una mejora de la genética humana debido a que una raza será mejor que otra dependiendo de los criterios que se utilice. En lugar de favorecer a una determinada raza si quisiéramos mejorar los individuos de nuestra especie tendríamos que combinar diferentes genes de distintas razas. De hecho una gran variedad de combinaciones se están produciendo con la globalización. Algunos individuos heredaran malas combinaciones, la gran mayoría heredaran combinaciones intermedias y algunos, los más afortunados, heredaran las mejores facultades que ha ido adquiriendo cada raza en estos últimos miles de años.

Por otro lado, como decíamos antes, el tiempo de aislamiento no ha sido lo suficientemente grande como para que las diferencias entre las diferentes razas sean excesivamente grandes. Cuando hablamos de diferencias siempre son en promedio, pero podemos ver a chinos como Yao Ming de casi 2.30 m, a atletas blancos realizando grandes maratones o a afroamericanos en la élite de la ciencia. Este es el caso de Neil deGrasse Tyson, astrofísico afroamericano y uno de los mejores divulgadores científicos de la actualidad. Cuando era niño, una vez comentó a alguien que quería ser astrofísico y ese alguien le respondió que mejor se dedicará al baloncesto. ¡Aún suerte que no le hiciste caso Tyson!